Cultura y comunicaciГіn se remiten a un campo simbГіlico, de representaciones e interacciones sociales sin que, de todas formas, pueda abarcar nada menos que todo el В“conocimientoВ”, o la В“InformaciГіnВ” o lo В“inmaterialВ”. Es mГЎs, lo inmaterial no es una naturaleza sino una condiciГіn y puede ser tan mercancГa como una producciГіn material o con soporte.
"Cultura" y "economГa" parecen referirse a universos distintos cuando no opuestos. La cultura remite con su carga de positividad a universo simbГіlico, artes, herencia humana, conocimiento, identidad, patrimonio, valores, cualidad, progreso, derecho de acceso, oferta pГєblica... mientras que la economГa con su carga de materialidad...remite a recursos, valor de cambio, producciГіn, costes, demanda, renta, beneficio, empleo... Y sin embargo se necesitan mutuamente puesto que no hay cultura sin recursos pГєblicos, privados o sociales, ni economГa sin organizaciГіn y sentido desde algГєn referente valorativo incluso en las dinГЎmicas en las que el beneficio es el motor inmediato.
Incluso en el plano polГtico la hegemonГa en claves de legitimaciГіn/deslegitimaciГіn, de consenso/resistencias y de formaciГіn de la opiniГіn pГєblica estГЎ en conexiГіn con el lado cualitativo de la cultura y de las ideas y sus hegemonГas internas, interactuando con las hegemonГas polГtica y/o econГіmica que dirГa Gramsci (1975:55) especialmente en la vigente "guerra de posiciones" sociales por apropiarse del sentido (incluso del sentido comГєn) y generalizarlo.
Es obvio que el valor social real de la cultura nunca podrГЎ reflejarlo su economГa. Por eso hay otras disciplinas: antropologГa, sociologГa ...Pero es que la economГa registrada y/o monetizada tampoco puede dar cuenta de la inmensidad de recursos humanos puestos en acciГіn y no computados mГЎs que indirectamente -amateurismo, voluntariado, prГЎcticas sociales, bienes comunes, servicios pГєblicos sin precio o con precio polГtico, producciones generadas por usuarios, interacciones...
A ello hay que aГ±adir que ni siquiera el valor real de las aportaciones profesionales se mide adecuadamente puesto que el trabajo precario, el sobretrabajo, el trabajo sombra no remunerado, la inmensa producciГіn no convertida en oferta o la oferta sin demanda solvente -tan abundantes en cultura- escapan a la economГa convencional de las cifras tanto micro como macro. Esa economГa convencional solo muestra la punta del iceberg pero ademГЎs no deja ver la parte sumergida, lo que hace necesaria otra economГa que refleje mejor la realidad econГіmica de la cultura.
Estos rasgos se han visto matizados (atenuados o acentuados segГєn los casos) en la era digital pero quizГЎs lo mГЎs relevante es que la naturaleza pГєblica del bien cultural se hace tanto mГЎs evidente con las tecnologГas hiper-transmisoras y clonadoras a costes ridГculos cuando mГЎs empeГ±o hay en recurrir al copyright, y mГЎs responsabilidades tienen los gobiernos en preservar los espacios de procomГєn y de su propia misiГіn de desarrollo de los servicios pГєblicos.
Todo lo dicho es sostenible desde un punto de vista doctrinal sin perjuicio de que en el plano prГЎctico y de comportamientos de los agentes determinantes (empresas, Estado, creadores, usuarios..) en el capitalismo financiero-cognitivo el punto de vista mercantilista avasalla y subordina a parte creciente de las decisiones productivas y de consumo de la cultura. Incluso en las polГticas culturales el paradigma economicista es dominante sobre las lГіgicas democratizadoras (Martin 2013).
La cuestiГіn de la economГa de la cultura tanto en su materialidad como en su concepto no puede plantearse hoy sino en relaciГіn a los profundos cambios en el mundo. DestacarГa cuatro vectores que zarandean tanto a la cultura como a su economГa.
En tercer lugar, la era digital que hace posible una ilimitada extensiГіn del conocimiento a costes unitarios tendentes a cero estГЎ siendo gestionada por el capitalismo cognitivo (Vercellone 29017) mediante la generaciГіn de una escasez artificial para su apropiaciГіn econГіmica bajo la forma de valor de mercado directo (pago) o indirecto (publicidad, promociones, bases de datos de usuarios...) siendo la cultura una de las partes mГЎs cualitativas, apreciadas y afectadas. La injustificada traslaciГіn de las anteriores normativas de propiedad intelectual del mundo analГіgico al digital sirven de canal.
En estas condiciones de cambio ganan en importancia los factores econГіmicos de la cultura y, al mismo tiempo, se multiplican las servidumbres para una cultura de calidad y accesible.
En la actualidad el problema del objeto de estudio se plantea de nuevo desde dos retos.
Por un lado, ha crecido tanto el peso de los llamados servicios creativos (diseГ±os...) absoluta e inmediatamente subordinados al mercado con un crecimiento muy superior al del sector estrictamente cultural, que han terminado por definir como "industrias creativas" lo que antes fueron industrias culturales. Aunque ese concepto presenta una cifra significativa en el PIB vela, sin embargo, el estado real de la cultura en sentido estricto, tenida asГ como un Гtem mГЎs del "sector creativo". No faltan quienes aГєn amplГan mГЎs el concepto hasta alcanzar cualquier innovaciГіn o creatividad en cualquier campo. La cultura correrГa el riesgo de irse por el sumidero de la innovaciГіn rentable sin significaciГіn especial para el desarrollo de la parte cualitativa de las sociedades.
Lo que sГ aparecen en la era digital son nuevos rasgos pero afectan mГЎs a unos campos (a la industria cultural, a la industria creativa, a los media que pasan por la red y a los usos y prГЎcticas sociales de las redes) que a otros de la cultura aunque no cuestionan, al contrario, la preeminencia de la mercancГa cultural. AsГ, emergen nuevos agentes y recolocan el poder en la cadena de valor habida cuenta que nacen nuevos imperios globales en las redes; la tecnologГa deja de estar en exclusiva en manos del capital para ser reutilizada por una parte de los propios usuarios; los Estados pierden jurisdicciГіn sobre firmas y tecnologГas; hay un cambio cualitativo de escala con la comunicaciГіn global; en la valorizaciГіn econГіmica se mezclan las escalas productivas y de consumo, mediante la economГa de redes, de club, de atenciГіn, del don y de la experiencia y se generaliza la forma servicio y por tiempo inmediato o limitado; las variables espacio-tiempo pasan de la geografГa y la cronologГa al tiempo subjetivo y al espacio virtual, ubicuo y multisoporte; la multiplicaciГіn exponencial de accesos y nuevas socialidades se da paralelamente a una trasparencia Гєtil a poderes polГticos y firmas comerciales afectando radicalmente a la privacidad.
Dicho esto, las metodologГas cuantitativas, las estadГsticas y observatorios son imprescindibles como ayuda para conocer capitales simbГіlicos, evoluciones, cambios.... Pueden ser una herramienta formidable de conocimiento con las cautelas antes planteadas.
Frente a la tesis de la apuesta de especializaciГіn sectorial en cultura nacional de cualquier paГs como fuente inagotable de valores aГ±adidos por mor de las "industrias creativas" por el hecho de la inagotable imaginaciГіn humana, hay que seГ±alar que hay un lГmite para el peso de la cultura en el PIB, aunque mГЎs en unos paГses que en otros. Algunos hemos combatido la ilusiГіn de que cualquier paГs podГa imitar al Reino Unido, USA o ahora mismo a Corea del Sur, en esa especializaciГіn creativa. Y ademГЎs cada paГs debe hacerlo desde sus raГces culturales tal y como defiende De Beukelaer (2015:21) criticando la ilusiГіn del desarrollo y la exportaciГіn desde la "economГa creativa" propiciada por la UNCTAD. Se ha sobrevalorado sus posibilidades de crecimiento y minusvalorado el marco de intercambios en que se sitГєan.
Esa desposesiГіn simbГіlica aparece hasta en el paso horizontal por la red. De la era del acceso que seГ±alaba Rifkin (2000) hemos pasado asГ a la era del control y la transparencia.
La automГЎtica algoritmizaciГіn de los cuadros de elecciГіn para nuestras decisiones nos sitГєa ante un tecno-conductismo cultural que respetando formalmente la libertad atenta contra la diversidad de opciones realmente presentes. Son reconducidas por robots, convertidos en nuestros coachs В–los nuevos petronios del gusto- que, sin duda, responden a los propГіsitos mercantiles de quienes los idean y gestionan.
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