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La cultura como bien comГєn puesto a disposiciГіn de la ciudadanГa es un resultado del estado de bienestar. Su gestiГіn se ha hecho necesaria, pero se incorporГі con retraso a las polГticas pГєblicas y a las estrategias privadas, por lo que su normalizaciГіn no ha sido completa. Ante los retos de la mundializaciГіn y el neoliberalismo la gestiГіn cultural es un campo profesional abierto a reflexiГіn sobre su praxis y sus objetivos.

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La cultura como bien comГєn puesto a disposiciГіn de la ciudadanГa es un resultado del estado de bienestar. Su gestiГіn se ha hecho necesaria, pero se incorporГі con retraso a las polГticas pГєblicas y a las estrategias privadas, por lo que su normalizaciГіn no ha sido completa. Ante los retos de la mundializaciГіn y el neoliberalismo la gestiГіn cultural es un campo profesional abierto a reflexiГіn sobre su praxis y sus objetivos.
En la historia los mayores y mГЎs duraderos Г©xitos a la hora de inducir, establecer y preservar universos simbГіlicos y prГЎcticas de mediaciГіn basadas en ellos, se han debido a las religiones o, mГЎs precisamente, a sus iglesias. La de creencias ha sido y es seguramente la В«gestiГіnВ» mГЎs eficiente, eficaz y rendidora entre las emprendidas por las sociedades histГіricas y probablemente lo sea aГєn en las actuales. De modo que la cultura, Вїdebiera mirar con ojos analГticos y deductivos tan secular modelo, habida cuenta la concordancia funcional y trascendental de ensanchar y difundir el conocimiento en sus diversГsimas facetas? Leyendo a Г‰mile Durkheim o a Max Weber se estГЎ tentado de responder que sГ. Mas la idea del gestor como pastor de ideas o predicador del ingenio o confesor de insolvencias —a veces parece que lo estemos viviendo— presenta un problema: si en el horizonte de las creencias anida una sumisiГіn frecuentemente fatalista, en el del conocimiento habita la libertad de opciГіn. AsГ que en el horizonte de la cultura el gestor estГЎ predestinado a ver descarriarse lo mejor de su aprisco, a ser desobedecido, ignorado incluso...si ha hecho bien su trabajo: conviene vivir advertido.
La idea de gestiГіn asociada a la cultura remite primordialmente a la contemporaneidad de Г©sta y debiera hacerlo ademГЎs hacia esa indisociable libertad de opciГіn. Porque de la cultura se gestiona la tensiГіn obligada entre conocimiento heredado, su engarce en el presente y la proyecciГіn a futuro. Para el caso, gestiГіn o gestionar (vГ©ase el DRAE) es administrar esa tensiГіn considerando alguno o varios planos de su necesidad: por un lado una lГіgica percepciГіn de conocimiento que sucede en cada manifestaciГіn de lo que intuimos como cultura, pero tambiГ©n la atribuciГіn de valor В«actualВ» a la manifestaciГіn misma, asГ como una identificaciГіn de su provecho para la vida social y polГtica. Se da en la gestiГіn tambiГ©n la comprobaciГіn de una viabilidad material, econГіmica, fГЎctica, y una operatividad comunicacional del hecho cultural; y, en fin, se administra ademГЎs la capacidad de hacer concreto el programa, el evento, la actuaciГіn de turno. Al final de todo lo cual estГЎ la elecciГіn libre ante la propuesta de conocimiento, ante su actualidad, su utilidad, etc.; a ese final —o albur— de la gestiГіn es muy probable que lo consideremos subjetividad.
A renglГіn seguido en la cultura y su gestiГіn cobra relevancia la posiciГіn ideolГіgica desde la que se aborda porque puede primar uno o mГЎs planos de los seГ±alados en detrimento de los otros, o incluso anular alguno negГЎndolo. De manera que la gestiГіn induce, quiГ©ralo o no casi siempre, un grado de significaciГіn de la cultura en la vida de cualquier colectivo que viene a traducirse en que o la posterga o la vacГa, la sobrevalora o la satura, pero siempre en la organizaciГіn del sistema social —de donde diagnosticamos, hace un siglo tal vez, que se trata de gestiГіn conservadora o progresista del conocimiento—. Este emplazamiento de la gestiГіn —y del gestor— en la politeya en su sentido genГ©rico es mГЎs importante de lo que solemos conceder, porque en Г©l se dan los conflictos bГЎsicos entre tradiciГіn y modernidad como paradigmas que pretendieran sancionar el sentido vital de las sociedades concretas; es importante porque ninguna modalidad de gestiГіn, ningГєn gestor por equitativo que se fuerce escapa a las consecuencias polarizadoras de tales conflictos.
Sobre esa base se proyecta ademГЎs en la gestiГіn el horizonte cultural al que se dirige —horizonte territorial comГєnmente— porque, segГєn sea el alcance, exige que aquella contenga mayor o menor calado estratГ©gico y que los objetivos que se tracen puedan abordarse con mayor o menor grado de intermediaciГіn. En el extremo de horizontes mГЎs amplios se encuentran las polГticas culturales (regional, nacional, internacionales) que forzosamente requieren perspectiva de estrategia para no dejar su gestiГіn en mera administraciГіn de hechos de la cultura; en el lado opuesto cabe localizar la gestiГіn concreta —privada y pГєblica— de cultura local, barrial, la de infraestructuras, la em-presarial tambiГ©n, que no puede prescindir de alcance estratГ©gico aunque Г©ste siempre estarГЎ subsumido en marcos de actuaciГіn exГіgenos. Entonces, en este punto de la gestiГіn de cultura, llega la hora tal vez de hacerse preguntas acerca del cambio; es decir, sobre que gГ©nero de relaciГіn o impacto o efecto tiene o ha de tener la cultura y su gestiГіn en la transformaciГіn del universo social en que opera y en su sistema. Cuando menos, ha de ponerse la vista en algГєn efecto respecto a la igualdad ante el conocimiento; igualdad o equidad siquiera. Las respuestas no tienen que ser forzosamente positivas, porque en la agitaciГіn cultural se aprende que un cambio puede ser de Гndole retrГіgrada en tГ©rminos socio-polГticos, bajo el oropel que el sector es capaz de desplegar: hubo y hay vanguardias como huevos de serpiente. Si alguna gestiГіn se considera eximida de reflexiГіn ante el cambio, debiera asumir que estГЎ abocada a ser engullida en las transformaciones del devenir social y que habrГЎ sido responsable de futilidad eidГ©tica en el escenario por llegar.
Antes se ha apuntado la trascendencia de tradiciГіn y modernidad como polos de posible, si no seguro, conflicto en la concreciГіn de la cultura, en su gestiГіn por tanto. A poco que se repasa la historia a travГ©s de las artes plГЎsticas, la mГєsica, el arte dramГЎtico, la televisiГіn o el cine, etc., se adquiere una conciencia clara de que esos dos paradigmas genГ©ricos no son dicotГіmicos ni mucho menos: son mГЎs bien simbiГіticos. Pero su traslaciГіn a lo concreto, que es materia de la gestiГіn de cultura, hace difГcil transmitir dicha simbiosis porque la actuaciГіn, la materializaciГіn de la cultura en tiempo y espacio acotados, pocas veces cuenta con lugar para el discurso aclaratorio; sГіlo ciertas exposiciones, estudios preliminares o ensayos pueden extenderse y hacerse accesibles acerca del continuum en que tienen lugar ideas, hallazgos o propuestas. En sГntesis, el acercamiento del destinatario comГєn a la riqueza encerrada en la relaciГіn de tradiciГіn y modernidad es un servicio habitualmente obviado en los resultados por su laboriosidad, por su exigencia de sobre-atenciГіn, por la elevaciГіn de costes que suele suponer, lo que hace que sГіlo estГ© presente en productos bien financiados y casi nunca con una llamada de atenciГіn oportuna. Si ademГЎs se considera que el enfoque polГtico mГЎs extendido en Occidente lleva atrapado dГ©cadas en la segregaciГіn de В«lo cultoВ» y В«lo popularВ», В«lo actualВ» y В«lo consabidoВ», la cultura que llega a los ciudadanos aparece casi sistemГЎticamente escindida por una caprichosa lГnea entre lo vigente y lo caduco, sibilinamente amparada por el posicionamiento ideolГіgico anteriormente aludido.
De ahГ que en la gestiГіn cultural, y en otras reflexiones, llevemos tiempo orbitando en torno a una inquietud: la tradiciГіn, Вїes en sГ retardataria del progreso, del desarrollo, del cambio social? —nos preguntamos menos, mucho menos, si la modernidad es per se mensajera de un progreso efectivo, en el plano que fuere—. Y no tenemos una respuesta o un razonamiento suficiente. La tradiciГіn y mГЎs explГcitamente las tradiciones en cada sociedad concreta parecen partir de un cГєmulo de ventajas al transmitir una idea de cultura, todas las cuales estriban en una simbologГa asentada en el proceso de socializaciГіn y, encabalgada en ella, en la costumbre como vГa de partici-paciГіn. Esto harГa que lo tradicional allanase la percepciГіn de un conocimiento explГcito, de una erudiciГіn integradora —al contrario que una erudiciГіn elitista o percibida como tal—, de una aptitud cultural en el contexto social inmediato que hiciera innecesaria, aun indeseable, cualquier equidad nueva ante el conocimiento. Sucede que la simbologГa no es inmutable en el imaginario, que de hecho pierde o varГa sus contenidos arquetГpicos y que frecuentemente acaba en estricta representaciГіn; queda entonces subsumida en la costumbre frente al cambio, como garantГa de un conocimiento seguro, compartido, socialmente funcional pero estacionario.
Esto Гєltimo es radicalmente distinto de la tradiciГіn como raГz creativa, como experiencia colectiva desde la que el artista extrae precisamente sГmbolos y significados con los que explorar y hacer reales formas nuevas. O para contrariar, desnudar y degradar, con semejante fin, la idea heredada por medio de sГmbolos. Una y otra posiciГіn del creador respecto a la tradiciГіn son mimbres de la historia del arte, de la literatura y de la mГєsica. Pero no siempre la gestiГіn de cultura cuenta con capacidades para poner a disposiciГіn de los destinatarios un marco lГіgico del conocimiento universal en el que diluir las dicotomГas. La gestiГіn cultural opera, por asГ decir, con hechos consumados, programas limitados en su alcance, espectГЎculos listos para su disfrute, propuestas cerradas que vienen con la etiqueta de innovadora, provocativa, o consagrada; o tradicionales. Comprensiblemente los auditorios ilustrados, o predispuestos al mensaje innovador, facilitan una gestiГіn cultural embelesada con una hipГіtesis de avance, con la ruptura, el cambio y aun la utopГa, sin que importe en tantas ocasiones lo reducido de sus miembros: es un bucle irresistible. Pero eso lleva a una realidad contemporГЎnea no poco distorsionadora de la cultura: la fiesta, las celebraciones, costumbres y hasta cualquier manufactura pre-tecnolГіgica —no digamos ya pre-industrial— quedan en la esfera de la tradiciГіn y, por ende, administradas desde otra gestiГіn mГЎs popular, menos sofisticada, mГЎs accesible por mor de la costumbre, mГЎs del pueblo: una cultura partida por gala en dos.
SituГЎndonos en una perspectiva teГіrica la gestiГіn busca concretar la cultura manejГЎndose en tres planos operativos: un primero territorial que acaba por tener contenido polГtico, un segundo sectorial que aborda el despliegue fenomenolГіgico del conocimiento concreto, y un tercero de Гndole infraestructural que administra el desarrollo funcional e institucional de la cultura como sector de actividad. A esos planos bГЎsicos los interfieren variables ineludibles del sistema en que la cultura se produce. Variables econГіmicas —las mГЎs prominentes en lo cotidiano—, de relaciones sociales, interterritoriales e interinstitucionales, intersectoriales y, por resumir, hasta del nivel de lo internacional. Ahora bien, un posicionamiento teГіrico como este, que nos permite abstraer mimbres elementales de la gestiГіn de cultura, es heredero de un proceso histГіrico especГfico, pues la gestiГіn cultural es hija —tardГa, desnutrida y malcriada— del siglo XX, especialmente de su segunda mitad, aunque es sabido que pueden alegarse antecedentes remotos que, con buena y erudita voluntad, nos retrotraen al tiempo de los monasterios, al mecenazgo renacentista y al barroco, a los salones ilus-trados o, claro estГЎ, siempre a la imprenta, a la gestiГіn orquestal, a los primeros mar-chantes, y un puntual etcГ©tera. Es heredera decГa, esa Гіptica teГіrica, de todo ello. Y mГЎs.
Pero sucede que la cultura es conocimiento en tiempo y espacio; el espacio resulta un gran alimentador de catГЎlogos y clasificaciones; el tiempo, ademГЎs de ello, es el gran tahГєr de los cambios, de las desmemorias y la incertidumbre. Esta gestiГіn cultural de la que ya tanto podemos decir y asegurar es hija tambiГ©n de una larga coyuntura de expansiГіn de su sector; y de sus contenidos, cosa mГЎs importante. Pero ahora sin embargo, Вїla cultura representa un sector en expansiГіn? Lo que entendemos y sabemos de la cultura y su gestiГіn procede de un criterio de bienestar, y otro de equidad, gestados entre 1950 y 1970 aproximadamente con un estancamiento y deconstrucciГіn que llegaron hasta la Гєltima dГ©cada del XX, segГєn dГіnde y cГіmo. En esa secuencia temporal se ha inventado —reconocido— y construido —formalizado— la gestiГіn de la cultura aceptГЎndose paulatina y rГЎcanamente que Г©sta constituye un sector de actividad a la postre productivo e integrador —fuera de la civilizaciГіn del bienestar, conviene decirlo, no se reconocГa ni formalizaba una gestiГіn de cultura como funciГіn necesaria—. La herencia de esa etapa relativamente larga implica algunas cosas a tener presentes ahora y quiГ©n sabe si de cara al futuro.
Por un lado la gestiГіn cultural ha llegado a constituirse en un paradigma para las sociedades occidentales, mejor o peor avanzadas, que viniera a rematar la В«gran construcciГіnВ» de una civilizaciГіn rica, compleja y evolucionada, y cuyo objeto ha industrializado segmentos importantes de su fenomenologГa compleja. Gestionar la cultura, y hacerlo bajo supuestos lГіgicos, orgГЎnicos, incluso cientГficos desde ciertos ГЎngulos, se nos ha convertido en un sГntoma de modernidad, de madurez y solvencia crГtica. No importa que los principios, las metodologГas y las prГЎcticas lleguen a parecer dispersas, o que las acotaciones de universos destinatarios de la gestiГіn ocupen un postrero lugar entre las prioridades, lo relevante es que gestionar cultura parece certi-ficar un escalГіn satisfactorio de progreso que, por demГЎs, fija distancias respecto de sociedades estancadas si no fallidas.
Pero a la vez esa misma gestiГіn de cultura parece tratarse de una exigencia de la contemporaneidad postergada en el estado de bienestar, retrasada en Г©l su implantaciГіn y acomodo, por lo que en el retorno liberal a las polГticas occidentales ha quedado trunca, incompleta, falta de engarce cuando menos como funciГіn pГєblica. Incluso puede decirse que el peso de la cultura y su sector se ha incorporado de forma muy imperfecta, muy parcial, a la nueva hegemonГa del mercado y del capitalismo especulativo: la gestiГіn cultural en la Гіrbita de lo privado sГіlo se diferencia de sus prГЎcticas mГЎs aГ±ejas en las escalas y volГєmenes de recursos puestos en juego y en los discursos envolventes con que se presenta solidaria o responsable, pues por lo demГЎs sigue siendo opaca, socialmente enajenada, dependiente de mГЎrgenes de beneficios y artimaГ±as fiscales. Estas percepciones contradictorias a primera vista —pero nutridas por un creciente nГєmero de situaciones reales— sitГєan ante un ГЎmbito de actividad en el que no cabe o no es recomendable una estricta asepsia. La gestiГіn de la cultura en nuestro tiempo y entorno enfrenta un sector desarticulado por criterios muchas veces espurios y casi siempre cГnicamente desideologizados. Mientras la lГіgica del mercado desagrega, promueve o arrincona, encumbra o estigmatiza productos, prГЎcticas y re-sultados de ahora o antes segГєn quГ© moda o conveniencia, cultivamos un discurso aГ±oso que sanciona la primacГa espiritual de la cultura como axioma de nuestra civili-zaciГіn. Y bien, Вїlo es?
El deterioro acelerado del bienestar a manos del liberalismo econГіmico estГЎ llegando a descomponer escenarios que todavГa nos son familiares y con ellos cuantas ideas hayamos tenido por axiomas. Para la cultura contemporГЎnea, todavГa, el escenario genГ©rico soportado por la idea de su primacГa espiritual viene a ser un marco de comprensiГіn de la cultura misma como factor bГЎsico, subyacente, de lo real. Y esa es la justificaciГіn de la necesidad de cultura para el bienestar: explica el relato histГіrico de las bondades de la educaciГіn, la salud, la seguridad alimentaria, etc., para desembocar en una sociedad avanzada. Mas, si se descabalga al bienestar de nuestro futuro, ВїquГ© va a explicar la cultura, quГ© realidad se soportarГЎ en ella?; ВїquГ© o para quГ© habrГЎ que gestionar cultura? Ahora pensamos —Вїpensamos?— confiadamente que la conectividad, la red, lo global es lo que cambia y/o cambiarГЎ la cultura, de manera que no se justifica una impaciencia reflexiva. Pero eso serГЎ lo de menos, porque nos remite a cuestiones de forma y de formato, de soporte. QuГ© pasa si la cultura decae en su funciГіn social, si la apartamos de la mera idea de confort personal, si asumimos que todo su rol o su potencial depende acaso de nuestra destreza tecnolГіgica; por ejemplo. MГЎs por ejemplo: ВїquГ© vigencia podremos augurarle a una simbologГa heredada a travГ©s de las artes si ha de primar lo interactivo sobre lo reflexivo? Si Weber seГ±alГі en 1921 el influjo de ciertos ideales religiosos en la constituciГіn de una mentalidad, de un ethos econГіmico propicio al capitalismo, Вїnos estamos asomando ahora por influjo tecnolГіgico hacia otro ethos tambiГ©n capitalista, pero simbГіlica, culturalmente sometido al estigma de lo global y llamado a excluir tiempo y espacio de la concreciГіn del conocimiento?
Las tecnologГas de la informaciГіn y la comunicaciГіn (TIC) parecen estar proporcionГЎndonos el relevo de las verdades reveladas: las certezas conquistadas. Y sobre todo certezas, o criterios de verdad, puestos a disposiciГіn universal aunque con peaje mercantil y condiciГіn de infraestructura. Gestionar una cultura crecientemente articulada por las TIC (es decir, por microelectrГіnica, software, robГіtica e Internet) ha de consistir, tambiГ©n progresivamente, en la gerencia de una suerte de conectividad en la que el conocimiento pudiera ir soltando el lastre de ataduras espaciales y sambenitos de contexto temporal; la incertidumbre estarГЎ en intuir el ritmo, las pautas y las conse-cuencias funcionales de algo asГ. Se viene anunciando que de ahora en adelante —seguro que desde anteayer sin que lo supiГ©ramos— el empleo se acota a partir de unas sus reglas operativas mediante un Grado de AlgoritmizaciГіn/AutomatizaciГіn que, si es alto, implica menor intervenciГіn humana y viceversa. Si pensamos que los empleos con un nivel bajo de dicho Grado se refieren sГіlo a tareas mГЎs fГsicas y a las de mayor componente cognitivo nos estamos equivocando, porque parece que la disponibilidad de recursos en red estГЎ bajando el dichoso Grado en empleos basados en el manejo digital y, por tanto, deshumanizГЎndolos. ВїPodrГa ser el caso de una gestiГіn cultural confiada en la diversidad en red, en la accesibilidad a informaciГіn y datos?
La digitalizaciГіn de la vida econГіmica y laboral estГЎ cambiando los conceptos de productividad, de puesto de trabajo, de empleo propiamente —ВїaГ±ejamente?— dicho, la percepciГіn del sistema social e incluso la de estructura econГіmica, a partir de la generaciГіn y obtenciГіn de crecientes beneficios sobre bases estrictamente virtuales. Sin duda las llamadas В«redes socialesВ» son el paradigma proverbial de enriquecimiento sin producciГіn, de negocio sin producto y, lo que es mГЎs inquietante, paradigma de mentalidad participativa sin objeto u objetivos organizados. Ya Keynes y Schumpeter, cada uno en su momento pero ambos antes de 1960, advirtieron de los efectos de la tecnologГa en la destrucciГіn de empleo y de su dudosa capacidad para reponerlos con otros nuevos; pero ademГЎs de eso lo que ahora las TIC nos estГЎn proponiendo es una idea de libertad capaz de prescindir del aprendizaje, del conocimiento en suma, pese a reivindicarse como cima de la evoluciГіn de Г©ste. Nos queda aГєn el discurso acerca de los contenidos; pero estos contenidos parecen abocados a ser factor secundario del producto virtual frente a la primacГa del soporte, la conexiГіn y la interactividad. En este cada vez menos hipotГ©tico escenario, Вїrequiere la cultura una gestiГіn o su gestiГіn digital? Rotunda y/o resignadamente, sГ. Lo incierto es hasta quГ© punto esa dimensiГіn ha de prevalecer sobre cualquier otra (social, estГ©tica, infraestructural, etc.) de las que hemos heredado y conocemos.
Si las TIC suplantan o destruyen o postergan tambiГ©n el concepto de mediaciГіn que hasta ahora hemos entendido y manejado, la gestiГіn cultural habrГЎ de experimentar alguna transformaciГіn porque su carГЎcter de mediaciГіn eidГ©tica, simbГіlica, identitaria, universalizadora en la politeya habrГЎ de adaptarse o desaparecer; o reducirse a lo anecdГіtico. Vista desde la actualidad, esa mediaciГіn cultural es o ha sido inevitablemente pre-tecnolГіgica —incluso pre-industrial, cabe pensar— y requerirГa de aquГ en adelante un salto conceptual, una mentalidad nueva adaptada a las oportunidades de la era digital cuyo principal lГmite serГa no desembocar en robГіtica —no es broma: hay robots que responden, informan (?), conducen una supuesta conversaciГіn—. Al fin y al cabo el sector cultural y su gestiГіn han sido precursores y acompaГ±antes de neoliberalismo y tecnologГa: desconfianza de sus segmentos mГЎs socializadores e industrializados (ediciГіn y cine), desparrame de servicios, entusiasmo emprendedor, flexibilidad laboral y precarizaciГіn de sus empleos, opacidad fiscal y blanqueo de fortunas. Todo ello ahora enmascarado en globalizaciГіn, en escapismo digital que emplaza a la creatividad en una utopГa de redes ensalzando una libertad e independencia con visos de tele-trabajo. Ese salto, o mera evoluciГіn al compГЎs de los tiempos, tal vez libere a la gestiГіn de cultura del ethos econГіmico tan ajeno y que tanto la agobia; podrГa tambiГ©n emanciparla de miserias ideolГіgicas y ligaduras piadosas que han desvirtuado la libertad de creadores, alienado la de ciudadanos y vuelto mostrenca la de responsables de polГticas pГєblicas. Un salto В«en la direcciГіn correctaВ» de la mundializaciГіn.
Pero la gestiГіn cultural no debe acomodarse acrГticamente en oportunidades tecnolГіgicas. No debiera aceptar como cambio devenido el escenario de la crisis neoliberal ni permanecer neutral o desdeГ±osa ante retos pasados de moda segГєn quГ© insidia. Si bajo una Гіptica de individualismo el objeto de la cultura queda satisfecho en la necesaria libertad de opciГіn, el enfoque social mГЎs bГЎsico sigue seГ±alando que ese mismo objeto comporta un imperativo funcional: opciГіn para ser mГЎs libres precisamente y para ejercer en mejores condiciones esa libertad. Entonces, y ya que la tecnologГa nos proporciona mejores herramientas, la cultura no puede descartarse entre las tareas de lo colectivo a efectos de dicha funcionalidad; pero ademГЎs, como procedemos de una idea de bienestar que nos ha transmitido quГ© metas y quГ© renuncias hacen posibles una mejor vida en comГєn, no cabe gestionar sГіlo desde los recursos obviando las circunstancias concretas en que la persona se sitГєa en el conocimiento, en la cultura, en la trama de su sistema y en el abanico de sus expectativas.
Esto Гєltimo implica para la cultura y su gestiГіn la exploraciГіn de un contexto humanista que ubique al hombre en el centro de las cosas; aun asumiendo el problema de dilucidar quГ© implica humanismo en tiempos digitales: si sГіlo es una forma de crГtica a la modernidad reciente o, como insinuaba Manuel Cruz, simplemente un objetivo del pasado con el que ahora se revela nuestra impotencia. Cabe pensar que en la contemporaneidad la cultura parece reclamar humanismo al tiempo que lo obstaculiza, lo percibe inhГЎbil frente a las complejidades tecnolГіgica y polГtica; cultura y humanismo sugieren hasta ahora una desiderata cГЎndida e impotente frente al desdГ©n por el conocimiento gestado en la desigualdad sin retorno, en una desigualdad conectada, interactiva y cuantificable pero nunca presentada como frustraciГіn cultural —los В«chavsВ» de Owen Jones—. Desigualdad que alimenta nuestra carencia de una В«razГіn comГєnВ», como ha seГ±alado Antonio Campillo, con la que afrontar los retos y riesgos de vida, convivencia, libertad y supervivencia misma de millones de seres humanos. ВїSerГa esa В«razГіn comГєnВ» el contenido primordial del humanismo de aquГ en adelante, la manera de colocar al hombre, a la humanidad como eje de la cultura?
Y a su vez, ВїquГ© comprende ahora la humanidad? La suma diversa de la especie no puede abstraerse de sus logros como tampoco de sus errores. Gestionar cultura no puede atenerse a la celebraciГіn del homo sapiens ni del homo ludens hurtando analГіgica o digitalmente —tanto darГa— las deudas de alienaciГіn que han desembocado en desigualdad, o proponiendo que sea viable el futuro devaluando e ignorando los aprendizajes intelectuales del pasado. Si la cultura se enfrenta hoy a una mundializaciГіn capaz de maquillar las improntas sociales, religiosas, polГticas, laborales de una alienaciГіn globalizada, su gestiГіn puede que tenga que retrotraerse a un romanticismo con el que desafiar al mГЎrquetin de verdades de esta otra —y cicatera— ilustraciГіn digital que nos ha traГdo hasta aquГ. Humanismo entonces a la caza de razГіn comГєn, como rebeliГіn, con las В«humanidadesВ» pero sin academia astringente, con mГЎs Grecia y mГЎs Roma pero menos latГn de tedeum. Humanismo como prГЎctica Г©tica en el conocimiento del hombre y su entorno, pero no como paradigma moral; sin mГstica ni clave trascendente, sin premisas crГ©dulas en un bien absoluto llamado a suceder nunca. Humanismo con la persona y su libertad, de compromiso y no como asepsia ideolГіgica esgrimida tantas veces.
Claro, se dirГЎ, que una disposiciГіn humanista a salvo de chantajes Г©ticos habrГЎ que saber en quГ© tesitura, quГ© entorno y con quГ© recursos serГЎ posible. Por lo visto hasta ahora, nada parecido serГЎ viable en un sistema social y econГіmico como el que hemos desarrollado y creГdo disfrutar, basado en lo que PГ©rez Yruela ha sintetizado como В«la insaciabilidad de las necesidadesВ». Si ademГЎs dejamos correr la nefasta confusiГіn de bienestar con democracia, y viceversa, la cultura seguirГЎ siendo subsidiaria tanto para la sensaciГіn de confort personal como para la de convivencia, y un enfoque humanista de su gestiГіn resultarГЎ prescindible si no inoportuno. La gestiГіn del mercado del arte o las antigГјedades, de las superproducciones escГ©nicas o cinematogrГЎficas, de los grandes eventos, muestras y artificios varios, no necesitarГЎn humanismo alguno en corto ni largo plazo porque la economГa descontrolada, los frenos institucionales a las mayorГas, las ententes mediГЎticas no habrГЎn clausurado su modelo insaciable; en su derredor, las TIC harГЎn innecesario el humanismo para el videojuego y la interactividad misma —las bazas populares del modelo— completando un cГrculo impenetrable: el de la cultura ascendida a la especulaciГіn. Su gestiГіn serГЎ —ya lo es— mercancГa optativa en escuelas de negocios.
A pie de obra el avance liberal, y especialmente en su versiГіn thacherista, ha constreГ±ido la expansiГіn de la cultura y sobre todo ha minado en gobiernos y administraciones occidentales su oportunidad histГіrica y su viabilidad fiscal y financiera. Para esa contenciГіn ha sido esencial presentar la cultura local y barrial, la de infraestructuras de proximidad y la puesta en valor del patrimonio como gasto cuestionable del bienestar y como freno a la iniciativa individual o a un saludable emprendimiento privado. En ese gasto, no obstante, habГa estado la base de un crecimiento, descompensado por sectores sin duda, pero capaz de cimentar la simbiosis entre cambio social y crecimiento cultural —un desarrollo cultural concreto—, sobre la que fue madurando la gestiГіn de cultura. Como el escenario genГ©rico resultante, acrecentado por la crisis, es un retroceso neto de la oferta cultural y un empobrecimiento de los agentes, actores y empresas mГЎs cercanos a la ciudadanГa, la polarizaciГіn eidГ©tica entre una cultura В«culta y tecnolГіgicaВ» y otra В«trillada y estancaВ» ha tomado asiento para quedarse en la mentalidad de generaciones socialmente desubicadas y laboralmente abatidas: la tecnologГa habrГЎ de ser su link con el conocimiento.
La cultura y su gestiГіn, entonces, pueden acomodarse a una formalidad metodolГіgica conocida o rebelarse con sus herramientas probadas y por descubrir. En el primer caso compondrГЎ una gerencia mГЎs o menos eficaz de servicios y productos de un ocio en pronosticable descomposiciГіn. En el segundo, con similar materia prima desde luego, gestionar cultura puede jugar un papel en la recomposiciГіn del bienestar, en la devoluciГіn al ciudadano de su derecho a modernidad, a contemporaneidad; podrГa, en alternativa a foros virtuales y quiГ©n sabe si virtuosos, restablecer para las personas las letras y las artes como encuentro de ideas, de territorio y de tiempo. La cultura, sus sГmbolos, sus estilos caducos, sus hallazgos superados, podrГa redescubrirse en calidad de necesidad saciada desde la que el hombre, y la humanidad, consideren cuГЎl vendrГЎ a ser una razГіn comГєn que reconozca errores e imagine cГіmo acertar la prГіxima vez.
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